Múltiples y variadas tradiciones se van transmitiendo de generación en generación
y, en ocasiones, una misma tradición se va desplegando en prácticas culturales
distintas -en las familias, en los barrios, en las comunidades- entrelazándose en el
tejido de la vida cotidiana. Dentro de esa diversidad de tradiciones, “tomar mate” pareciera ser considerada como una tradición, una práctica social y cultural que
nos reúne, con diferencias: mate amargo, mate dulce, tereré, mate de leche, cebado
con pava o con termo y tanto más.
El mate se caracteriza porque suele tomarse
en un solo recipiente y compartirse entre todas y todos los miembros de la ronda,
pese a que en tiempos de pandemia la ronda queda restringida solo a las y los
convivientes (a veces incluso, cebando en mates distintos) puesto que debemos
tomar precauciones para cuidarnos.
A continuación, compartimos una leyenda que reconstruye el origen guaraní de la
yerba mate y que da cuenta de algunos de los significados que recoge esta tradición
para este pueblo originario. Las leyendas son narraciones que en su proceso de
transmisión crean y recrean las cosmovisiones de los grupos y sus tradiciones y, al
igual que ellas, van pasando de generación en generación, de forma oral, y es por
eso que tienen distintas versiones.
La leyenda del mate y la luna (Anónima)
Los guaraníes cuentan que la luna, Yacy, paseaba desde siempre por los cielos
nocturnos, observando curiosa los bosques, las lagunas, el río y los esteros desde
lo alto.
Cada día contemplaba su belleza como una niña que está conociendo el
mundo por primera vez.
Sin embargo, a sus oídos fueron llegando los relatos de quienes habían visitado
el mundo y que le iban contando de la vida de los animales, de la belleza de las
flores, del canto de los grillos, el piar de las aves, del sonido del río, y la luna fue
tornándose cada vez más curiosa y con deseos de visitar la tierra.
Así que un día se decidió y junto con Araí, la nube, fue a pedirle autorización
a Kuaray, el Sol, para que las dejase bajar a la tierra para así poder contemplar
de cerca las bellezas del mundo. El dios Sol se mostró reacio a dejarlas partir,
pero por fin cedió y las dejó marchar. Sólo les impuso una condición: en la tierra
serían vulnerables a los peligros de la selva como cualquier humano, aunque
también serían invisibles para ellos. Luego las dejó partir.
Fue así como la luna, Yacy, llegó un día a la tierra. Y junto con Araí fueron
visitando los lugares que veían desde las alturas, maravillándose a cada paso.
Observaron de cerca cómo las arañas tejían sus redes, sintieron el frío del agua
del río, tocaron la tierra roja con sus manos.
Tan absortas en su mundo estaban ambas diosas que no se percataron
de la acechanza de un yaguareté que las seguía de cerca. El felino estaba
hambriento y quería comer, por lo que en un momento largó el zarpazo para
atrapar a las mujeres.
En el momento justo cuando estaba por alcanzarlas, el animal fue alcanzado por
una flecha lanzada por un joven cazador guaraní, que justo pasaba por el lugar
y que sin saberlo salvó la vida de las diosas. El joven cansado por la búsqueda,
pero feliz por su conquista, decidió descansar al pie de un árbol, antes de regresar
a su aldea o tekoa. Y entonces, se durmió.
En sus sueños fue visitado por las
diosas que, vestidas de blanco, le hablaron con cariño. Yacy le dijo que, como
símbolo de gratitud, cuando llegue a su aldea o tekoa encontraría un arbusto a
la entrada que nunca antes había visto. Le dijo cómo hacer con sus hojas para
preparar una infusión que uniría a las personas de todas las familias o tevys,
como símbolo de hermandad y de confraternidad.
Cuando se despertó y volvió con su gente, el joven cazador vio el arbusto a la
entrada de la aldea y, siguiendo las instrucciones que la diosa le dio en sueños,
el muchacho buscó una calabaza hueca, picó las hojas del arbusto, las puso
dentro y llenó el cuenco con agua. Luego, con una pequeña caña tomó la
bebida.
Inmediatamente compartió la infusión con la gente de la aldea o tekoa
que observaba curiosa el trabajo del cazador. La calabaza fue pasando de mano
en mano y todos fueron tomando la infusión.
Así nació el mate, que une a las personas, que es un símbolo de paz y confraternidad,
que fue un regalo de la luna a las personas para que compartan vivencias, para
que fomenten su amistad, o para que disfruten un silencio compartido.
Preguntas para conversar entre chicas, chicos y grandes:
Los y las invitamos a contarnos a leer las siguientes preguntas y contarnos a través de un audio, un video o en los comentarios cómo toman mate en sus familias.
Los audios y videos se los mandan a sus profes o preces.
• Toman mate en sus hogares? ¿En qué momentos del día? ¿Quiénes y cómo lo
ceban? ¿Son siempre las mismas personas las encargadas de armar y cebar el
mate? ¿Por qué?
• ¿Con quiénes aprendieron a tomar mate? ¿Qué es lo que más les gusta de tomar
mate? ¿Qué es lo que menos les gusta? ¿Qué cambiarían de esta tradición?
• ¿Siempre se tomó el mate de la misma manera en sus familias? ¿De qué
modos fue cambiando?
• Si tienen oportunidad, pregúntenle a una familia amiga o vecina, cómo toman el
mate y piensen qué costumbres son parecidas y cuáles diferentes de las suyas.
• En este momento de aislamiento social, ¿qué cuidados y precauciones
debemos tener para tomar mate y poder cuidarnos y cuidar a las y los demás?
• ¿Qué otras prácticas conocen que también transmitan el valor de compartir y
la amistad que cuenta la leyenda sobre el mate?
Fuentes:
Efeméride Día de la Tradición. Dirección General De Cultura Y Educación. Recuperado de https://cdn.continuemosestudiando.abc.gob.ar/uploads/3511b5b9-e0e6-48be-923e-95afa7a497d7.pdf
Canciones El taller de historias: El mate y la luna - Canal Pakapaka. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=CpE420c8ARM
Imagen de https://www.facebook.com/compartiendorecuerdos/posts/1803728746582911/
Fotografías compartidas por la docente Mónica Svetlin, profesora de Ciencias Sociales e Historia de nuestra escuela.
Matear en tiempos de Cuarentena. Instituto Nacional de la Yerba Mate. www.inym.org.ar




